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 Asunto: El Carruaje de Hielo
NotaPublicado: Mar Abr 22, 2008 11:28 am 
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Introducción

Azula Himura es hija de una Geisha y de un campeón mundial de Karate. Ha crecido en aquellos ambos mundos y con la leyenda que hace fama a su familia materna, la conocida leyenda del “Carruaje de Hielo”
La leyenda trata de que su tatara abuela, la Geisha Maron, había desaparecido de una forma extraña dos días después de ver en la ciudad a un carruaje hecho de puro hielo Cuando el carruaje se detuvo frente a Maron, las puertas se abrieron y una luz la cegó, al cerrarse…La Geisha Maron ya no estaba. ¿Acaso aquel carruaje es el lecho de muerte? ¿O hay otro secreto oculto? ¿El carruaje no tendrá otro significado?
Azula nunca creyó en la “Estupidez” de la leyenda. Un día, en su universidad EIffel, conoce de forma accidental a un chico llamado Kyou Ichiro que es un estudiante de intercambio de Osaka y parece una persona muy misteriosa, ni siquiera ha establecido una amistad con alguien…Al parecer, es lo último que él desea.
Después de un largo día, la joven de vuelta a su casa cuando creé haber oído un galopeo y un látigo. Voltea asustada y…Sus ojos le mostraba como se iba acercando hacía ella el famoso carruaje de hielo, leyenda que nunca creyó. ¿Tendrá el mismo destino que su tatara abuela? ¿O…Le espera otro destino? ¿Y quien o que es lo que hay en el interior del carruaje?


Capitulo 1: Tu vida cambia cuando conoces a alguien.

En uno de los lugares de Tokio, en una casa enorme de color blanco con el techo y los marcos de las ventanas de color negro adornado con hermosas plantas y flores de todo tipo, en uno de los dormitorios, se podía ver como alguien se vestía para salir a algún lado.
Era una mujer, una joven de 18 años de seductoras curvas. Sus ojos eran de color miel, por ellos se podía ver que se veía alegre y si que eran atrayentes. Su piel era delicadamente blanca, dándole la apariencia de una muñeca de porcelana. Y su cabello era su arma letal, se podía ver el bien cuidado que le daba y como completaba su hermosura. Era largo, cayendo con gracia hasta la cintura, tenía un estilo escalonado con un flequillo por el lado derecho de su rostro, liso como la delicada seda y negro.
Vestía unos jeans negros y ajustados a sus caderas, unas botas rojas que lo tenía encima de los jeans porque le llegaba a las rodillas y con un fino y largo tacón, una pollera blanca con un discreto escote en V y encima un chaleco azul pálido que le rebasaba la cintura.
Pesca sus cosas y sale de su cuarto. Baja las escaleras y entra a la cocina. Al entrar se sienta mientras veía como una mujer le preparaba el desayuno.
-Buenos días Azula-Dijo aquella mujer con una sonrisa al notar su presencia. Aquella mujer tenía el mismo tipo y color de cabello y piel, pero sus ojos eran azules. Vestía un kimono de colores llamativos y con flores azules pálidos. Y para una mujer de 32 años, lucía realmente joven.
-Buenos días madre-Dijo la joven Azula mientras se sentaba-¿Por qué diablos llevas eso puesto?-Le pregunto mientras su madre le servía el desayuno.
-¿No te gusta? Pero si es tan lindo-Sonríe con dulzura mientras se sentaba frente a ella
-Se supone que las mujeres dejan de ser una Geisha cuando se casan, ¿No?
-Sabes perfectamente que es una tradición familiar que no se puede dejar. Por cierto, vendrán tu abuela y una pariente algo lejana.
-Genial, lo que me faltaba. Amo a mi abuela, pero odio cuando se pone seria y dice “Azula, como mujer de la familia Himura, debes seguir la tradición y convertirte en una Geisha, así que deja ya esa estupidez de la universidad”-Imitándola.
-Si que la quieres Azula-Dijo su madre sin cambiar su sonrisa
-Que se vaya con su tradición a la punta del cerro. Lo siento mucho, pero Geisha no seré, me convertiré en una gran escritora y seguiré con la tradición de mi padre. Por cierto, ¿Dónde está?
-Como siempre, Aquiles esta en el dojo entrenando. Recuerda que como campeón mundial no puede perder el estado físico, debe dar el ejemplo.
-Lo se, lo se-Siguió comiendo su desayuno en silencio. Minutos después, ya termino y se levanto de la mesa-Gracias, ahora me voy.
-Que tengas un buen día en la universidad Azula-Se despidió mientras veía a su hija recoger sus cosas e irse del lugar.
Al llegar a la puerta principal, deja sus cosas en el suelo que consistían en su bolso, chaqueta, guantes, bufanda y una boina. Después de todo, ese día llovía y hacía mucho frío. Se puso primero su bufanda que era de color rojo y luego sus guantes, también rojos para que combinaran con sus zapatos, luego se puso su chaqueta para finalizar con su boina, ambos eran negros. Una vez que ya estaba lista y bien arreglada, pesco su bolso y se puso en la espalda para luego salir de la casa.
Solo camino unos metros ya que al lado de la casa estaba el dojo de su familia, uno pequeño ya que ahí solo se usaba para practicar karate. Era como todo un antiguo dojo de Japón, de color madera con el techo pintado de negro. Ella se había detenido al oír los característicos ruidos de golpes y patadas. Desliza la puerta y ve a su padre.
Se podía ver que era un hombre de un cuerpo en buena forma y atlético gracias al deporte que práctica, el karate. Nada mal para tener solo 37 años y llevaba el típico uniforme de aquel deporte. Azula había heredado de su padre, Aquiles, sus característicos ojos color miel, pero a diferencia de su hija, no se mostraban alegres, se veían serios, calculadores, dando un aire de superioridad y liderazgo, muy concentrados en lo que el propietario hacía. Su cabello era corto, liso y de color café, con muy pocas canas de compañía y un bigote pequeño y delgado.
-Buenos días padre-Dijo Azula con una sonrisa una vez que su padre dejo de golpear un saco de arena
-Buenos días Azula. ¿Iris despertó?
-Sí, me hizo el desayuno. La comida de mamá es deliciosa
-Tienes razón-Sus serios ojos se ablandaron solo un poco mientras una leve sonrisa dibujaba sus labios-¿Ya te vas a la universidad?
-Sí, ha enfrentarme al exterior.
-Que tengas un buen día.
-Gracias, adiós padre-Sonríe y se va corriendo.
Caminaba por las calles de Tokio con una sonrisa y con sus mejillas algo coloradas por causa del frío helado. Se detuvo unos momentos para ver algo que le llamo la atención en una tienda y oyó un par de mujeres comentaban sobre el frío mientras caminaban.
-…este frío es repentino. Esto no lo predijo ningún pronostico del tiempo.
-A lo mejor vendrá el Carruaje de Hielo
-¿Cómo?
-Ya sabes, aquella leyenda que es famosa.
-Ah sí, la que esta involucrada con la familia Himura…-Y ahí las mujeres se alejaron tanto que ya no se oía lo que decían.
-Carruaje de Hielo-Murmuro molesta-Puras patrañas.
Su familia no solo era conocida por ser de una larga tradición de Geisha y especialistas en karate (Su madre y padre son primos de tercer grado), sino también por una leyenda que se habla de más o menos 150 años, el Carruaje de Hielo. Se dice que aquel carruaje se llevo a una persona que se llamaba Maron Himura y era su tatara abuela. Pero para ella, eso solo eran estupideces que inventaron la gente para explicar su repentina desaparición.
Finalmente llego a su universidad, era una de las más prestigiosas de Japón y se llama Eiffel, aquel nombre lo sacaron de la famosa torre Eiffel de Paris, Francia. Caminaba por el interior del lugar, de vez en cuando respondía los saludos de algunos universitarios hasta que llegó a su casillero. Lo abrió y comenzó a guardar su boina, guantes y chaqueta, quedándose con su roja bufanda.
-Hola Azula-Oyó mientras cerraba su casillero.
Azula giro su rostro a su derecha y vio como se le acercaba una joven de alegres y activos ojos café. Su piel era blanca y muy bien cuidada. Y su cabello le rozaba los hombros con gentileza, moviéndose con gracia con ayuda del aire que emanaba ella para acercarse a Azula, delicadamente ondulado y de color castaño, adornado con dos simples orquillas negras.
Vestía una falda larga hasta los tobillos de color verde pálido y con un corte hasta las rodillas para que sus piernas se pudieran ver con libertad, unas medias transparentes y con unas polainas de lana encima del mismo color que la falda y le llegaba a las rodillas, un suéter café claro con las mangas holgadas y un chal encima de color negro que combinaba con sus zapatos. Su nombre es Sou Meiling y es de China.
-Buenos días Meiling-Sonríe-¿Te llamo tu madre?
-Sí, esta finalizando su siguiente película. Cree que estará listo para final del mes-La madre de Meiling es una gran actriz y su padre es dueño de una cadena de hoteles por lo que nunca están en casa y por eso ella decidió vivir en Japón.
-Ojala te venga a visitar antes de la premier
-Ojala-Como si no le interesará, no estaba segura de que lo haría-Cambiando tema, ¿Qué piensas hacer con tu admirador?
-Lo mismo de siempre, si en verdad ese hipócrita creé que perderé mi tiempo con él, esta equivocado
-Ahí viene-Anuncio mientras veía como se acercaba un chico musculoso y con la chaqueta del equipo de básquet de la universidad. Era pelirrojo, de ojos azules y por como andaba, parecía la típica persona arrogante que se creé el mejor y que nadie le dice “No”…Hasta ahora-Hola Hatake
-Hola Sou-Ve a Azula-Buenos días Azula
-Himura para ti-Directa y fría. Sus palabras hicieron que los amigos de Hatake silbaran emocionados, esperando lo que ocurriría a continuación.
-Vamos Azula, esa no es la forma en que debes tratar a tu novio.
-¿Novio?-Con sarcasmo mezclado con asco-¿Desde cuando yo salgo con idiotas Meiling?-Viendo a su amiga.
-Nunca-Sonriendo con ironía.
-Exacto-Ve al deportista-Si tú crees que yo saldré contigo, estás totalmente equivocado. Es más, esto pienso de la horrenda carta que me enviaste-Saca de su bolsillo un sobre rojo con su nombre escrito y, viendo al chico con ironía, no lo piensa dos veces y ante sus ojos rompe la carta en 4 pedazos y se lo lanza en la cara. Había llamado tanto la atención que muchos los veían.
-Llamando la atención como siempre Azula-Dijo Meiling divertida
-Gracias
-Escúchame bien-Hatake toma con brusquedad su muñeca derecha, pero Azula ni exclamo sorpresa o dolor en su rostro, se quedo como si nada-Nadie en la vida me dice que No y mas te vale cambiar de opinión ya. Estamos llamando la atención y no pienso ser la burla de todos-Hablo con frialdad y como una orden mientras las personas a su alrededor susurraban mientras lo señalaban.
-Y tú escúchame a mí. Primero, no pienso salir con un idiota que se cree un dios y que a penas me doy la vuelta, me engaña con otra porque yo no soy estupida. Segundo y final, siempre hay una primera vez para todo y mira, yo soy la que te dijo No-Sonríe mientras se suelta-Y fin del asunto.
-Maldita arpía-Iba a golpearla y eso hizo que los espectadores se sorprendieran, pero una fuerza se lo impide sujetando su muñeca.
-Ten cuidado con lo que haces Hatake. Azula es una señorita inteligente y no tiene la culpa de que seas un Tarado.
-¡Robert!-Exclamaron Azula y Meiling con una sonrisa.
-Maldito Amane-Exclamo el pelirrojo mientras se soltaba para luego irse con sus amigos detrás.
-¿Estás bien Azula?
-Si, gracias. Pero sabes que no era necesario que me ayudes, podría haberlo detenido yo misma.
-Como caballero y tu amigo, no puedo permitirlo-Sonríe.
Robert Amane, era un apuesto chico de 18 años y amigo de Azula desde el jardín de infantes. No poseía músculos, pero es muy fuerte, especialmente porque toma clases de boxeo. Su cabello era corto, liso pero algo desordenado y rubio. Sus ojos eran una mezcla de serenidad con una pizca de amabilidad y brillaban de un color azul marino. Su piel era pálida, pero bien firme gracias al deporte que práctica.
Vestía unos jeans azules con un cinturón negro, unas zapatillas negras con unas pequeñas líneas blancas, una blusa blanca fuera del pantalón y desabrochaba los dos primeros botones porque le fastidia tenerlo tan pegado a su cuello, una bufanda del mismo color y para finalizar, una chaqueta negra de estilo smooking que le llegaba a las rodillas.
-¿Cómo esta Chris?-Pregunto la pelinegra a su amigo mientras caminaban.
-Esta bien, ayer corrigió 4 veces al profesor y te envía saludos
-Gracias
-Nada mal para un niño de 12 años-Comento Meiling divertida-¿Va a venir?
-Sí, nos estará esperando después de clases en la puerta principal.
-Que bien, oye Azula, ¿Sabes como detener este frío repentino?
-No vayamos a empezar, odio cuando me hacen esa clase de preguntas.
-Mira, mira, ahí viene Himura-san-Comentaba una chica a otra mientras ambas caminaban en dirección contraria a ellos-De seguro este frío es por el Carruaje de Hielo.
-A lo mejor ella sabe algo al respecto.
-O a lo mejor el carruaje viene por ella-Y ambas se ríen mientras se alejaban.
-Lo que hacen los ancestros-Comento la chica malhumorada-¿Qué no se dan cuenta que ese carruaje es solo una estupidez? ¿Una explicación que inventaron los viejos para explicar la repentina desaparición de mi antepasada? Estoy cansada de esta tonta leyenda urbana para que los niños sean obedientes y no salgan de noche.
-Vamos, vamos. Calma Azula-Le tranquilizaba su amiga.
-Estoy harta-Y lanza un suspiro-Y lo peor de todo es que viene mi abuela
-¿Viene Zaya-san?-Pregunto Robert para luego lanzar un silbido-Lo siento por ti.
-Gracias. Y viene con una pariente lejana que al parecer, ni mi madre conocía.
-Eso es raro-Comentaron sus amigos.
-Bueno Robert-Dijo la china mientras tomaba el brazo de su amiga-Aquí nos separamos, nos vemos en la hora del almuerzo.
-Adiós Robert
-Adiós chicas-Y se separan.

Las campanas de la hora del almuerzo sonaron. Azula y Meiling guardaban sus cosas después de haber terminado de anotar los datos del profesor como el siguiente examen que tendrían. Llevaron sus mochilas a la espalda y despidiéndose del sensei, salieron del aula. Caminaban tranquilas y animadas mientras se dirigían a la cafetería, pero para su mala suerte, al doblar uno de los pasillos, estuvieron cara a cara con Hatake y sus amigos.
-Déjame pasar-Advirtió Azula mientras intentaba pasar, pero era inútil.
-Lo siento preciosa, pero no-Respondió mientras tomaba con fuerza las mejillas de la chica con su mano derecha, lastimándola.
-Que la dejes-Dijo Meiling mientras le planteaba una patada en su rodilla y tomando rápidamente la mano de su amiga, ambas salen corriendo.
-¡Atrápenlas!-Ordeno el chico a sus amigos mientras se frotaba la rodilla.
-¡Bien hecho Meiling!
-¡Gracias, ahora corramos!
-Como peleadora, esto es humillante
-Recuerda lo que decía tu padre Azula
-¡Sí, sí! ¡Ya lo se!
Siguieron corriendo hasta que llegaron a la cima de las escaleras y sonrieron aliviadas al ver a Robert abajo, esperándolas. Iban a llamarlo cuando Hatake tomo con brusquedad a Azula de sus brazos, lo mismo hizo uno de sus amigos a Meiling.
-Fin del juego
-¡Suéltenme!-Exclamaron a la vez, llamando la atención de las personas, entre ellos, Robert. Quien al ver lo ocurrido, corrió rápidamente para ayudarlas, pero…
-¡Prefiero morir que salir contigo!
-Como gustes-Y sin más, la tira por las escaleras.
-¡Azula!-Gritaron Meiling y Robert. El chico intento acelerar el paso para alcanzarla.
La chica cierra sus ojos asustada, esperando su fin. Pero se sorprende al sentir que algo cálido y blando la sostenía, impidiendo que se lastimara o muriera. Al abrir sus ojos se sorprende al tener su rostro frente y cerca de un chico que nunca había visto, aquella misteriosa persona había detenido su caída afirmándose del barandal de la escalera con su mano derecha y con su brazo izquierdo, la abrazo, manteniéndola pegada a su pecho.
-¿Estás bien?-Le pregunto mientras la ayudaba a ponerse de pie en las escaleras. Los amigos de Azula lo miraban sorprendidos, pero no más que ella.
-G-Gracias-Soltó al fin.
Examino muy bien el chico, definitivamente era la primera vez que lo veía en la universidad o en Tokio. Su piel era algo bronceada y por la forma en que estaban desarrollados sus músculos a tamaño mediano, dedujo que practicaba kendo. Sus ojos eran de un precioso y hechizantes ojos azules, pero al parecer, también brillaban de pura seriedad y también atemorizantes, como si quisiera ocultarle al mundo quien era. Su cabello era corto y alborotado, pero un mechón era largo, rebasando los hombros y lo tenía sujeto en una trenza y de color café claro.
Vestía unos pantalones de género, holgado y de color negro, una pollera simple, sin mangas y de color blanco, con un chaleco de lana del mismo color que le rebasaba las caderas, de mangas largas y lo llevaba desabrochado, su cuello era protegido por una bufanda negra y usaba unas zapatillas negras.
-Que bien-Sus ojos serios y temerosos, se fijaron en el que sostenía a Meiling-Suéltala-No fue necesario repetirlo dos veces, porque sus ojos lo asustaron tanto que de inmediato soltó a la chica, quien corrió hacía su amiga para asegurarse que estuviera bien. Robert también se acerco a ellos-¿Te crees valiente, verdad?-Viendo ahora a Hatake-Pero no eres más que un cobarde-Estaba hablando sin soltar las manos de Azula, quien sentía que todos sus sentidos estaban fuera de control solo por aquel simple tacto.
-¿C-Cómo se te ocurre llamarme cobarde infeliz?
-Atacar así a una chica es un acto de cobardía. Un hombre que trata mal a las mujeres, que piensa que no valen nada…No merece perdón.
Azula se había sorprendido ante sus palabras, pero más como sus ojos brillaron: Rabia. Era como si…Como si ya había pasado por algo así. ¿Qué ocultaba aquel chico? En cambio, las chicas se sonrojaron sorprendidas mientras exclamaban lo apuesto que era.
-Vuelves a tratarla así, o a otra mujer…-Sus ojos se volvieron tan fríos y serios que los amigos de Hatake se asustaron-Lo pagaras-Agrego sin una pizca de sentimiento que los amigotes se fueron asustados, dejando a Hatake solo, quien al notar eso, también se fue.
-¿Estás bien Azula?-Pregunto Robert
-S-Sí-Y ve a su salvador-Gracias, esto…
-Kyou. Mi nombre es Kyou Ichiro-Le dijo mientras una leve sonrisa invadía su rostro y sin perder su seriedad, pero fue lo suficiente para hacerla sonrojar y que las demás exclamaran emocionadas.
-A-A-Ah…-Trataba de decir algo, pero las palabras no le salían. Meiling libero una sonrisa al notarlo y Robert se puso molesto-Gracias Ichiro-san. Mi nombre es Azula, Azula Himura.
-¿Himura?-Una sonrisa divertida con ironía se ilumino de sus labios mientras cerraba sus ojos-Ya nos veremos Himura-Y se va alejando, ignorando las atentas miradas de las personas, especialmente de las chicas.
-Es realmente lindo, ¿No Azula?-Dijo su amiga divertida
-¿Q-Qué quieres decir?-Y de respuesta, Meiling la refleja en un espejo
-Estas roja, ¿No será esto lo que dicen? ¿Amor a primera vista?
-¡¿Pero que tonterías dices?!-Exclamo molesta. Pero no era la única, Robert también lo estaba.- ¡¿Cómo puede gustarme alguien que solo vi 5 minutos?!
-Por algo se llama amor a primera vista-Sin dejar su divertida sonrisa.
-Tengo hambre-Molesta con ella mientras caminaba hacía la cafetería, queriendo dar fin al tema.
-¿Y cómo se siente tener un rival?-Viendo a su amigo
-No se de que me estas hablando
-Oh vamos, ¿Crees que no me doy cuenta? Te gusta Azula, ¿No es así?
-Te equivocas-Molesto, pero la chica noto un leve rubor-Vamos a comer
-Los enamorados si que son unos tercos-Lanzando un suspiro de resignación.

Las clases finalizaron. Mientras Azula guardaba sus cosas, intentaba con todas sus fuerzas dejar de oír los comentarios de los universitarios sobre ella y de la dichosa leyenda. Pero lo que más intentaba dejar de pensar, era en el misterio de sus emociones, del por que actuaron de forma descontrolada al cruzar su mirada con Kyou Ichiro, algo que jamás había sentido antes por ningún otro.
-Kyou Ichiro es un estudiante de intercambio, viene de Osaka-Oyó decir a su amiga.
-¿De Osaka? ¿Cómo sabes eso?
-Me metí a los datos de la escuela-Sonríe-Vive con su tío y tiene 19 años. Sobre sus padres…Bueno, de su padre no dice nada, a lo mejor deben ser divorciados.
-Su vida no me interesa Meiling y deberías dejar eso de meterte en los asuntos de los demás.
-Solo quería sus datos personales, incluso tengo su dirección-Sonríe.
-No me interesa. ¿Y Robert?
-Nos espera con Chris afuera.
-¿Qué le ocurre? Desde el incidente, ha estado molesto todo el día.
-Quien sabe-Evitando lanzar una risa
Azula cierra su casillero y ambas caminan, ignorando los comentarios de los demás, cosa que estaba fastidiando cada vez más a la pelinegra. Al llegar a la entrada, ven a Robert aun algo molesto y de brazos cruzados, acompañado de un niño de 12 años, cuyo nombre era Chris Amane, el hermano menor de Robert.
-¡Chris!-Exclamo Azula mientras lo rodeaba con sus brazos
-Buenas tardes Azula-neesan-Exclamo tranquilo mientras una leve sonrisa invadía su rostro.
Para ser un niño de 12 años, no se comportaba como tal, lucía como una persona madura, incluso es tan inteligente, gracias a su memoria fotográfica, que estudia en casa ya que no le gusta mucho estar entre las multitudes y Azula siempre recurría a él cuando tenía problemas, era su consejero personal, cosa que al chico le gustaba porque lo que él más deseaba era verla feliz.
Lo único en que se parecía a su hermano era en sus ojos azules, pero él los tenía llenos de inocencia y sabiduría. Su cabello también era como el de su hermano, pero en vez de rubio, lo tenía negro. Y su piel era algo bronceada. Vestía al estilo ingles, su traje era negro y la blusa blanca, como una chaqueta roja que tenía encima para el frío que llevaba desabrochada y su cuello tenía una bufanda del mismo color.
-¿Cómo estuvo hoy su día?-Pregunto el niño mientras caminaban por las calles de Tokio, Azula lo llevaba de la mano.
-Veras Chris-Comenzó Meiling mientras le contaba todo lo ocurrido-Y apareció justo a tiempo el príncipe de Azula para salvarla.
-¡Meiling!-Exclamo su amiga sonrojada
-¿Príncipe?-Viendo a su hermano mayor-Ahora veo el porque estás molesto Robert-niisan-Sonriéndole levemente
-¡Tonterías! Estar con Meiling te esta afectando
-¡¿Pero que dices idiota?!-Se defendió la chica
-¿De qué están hablando?-Pregunto Azula confundida
-Eres muy ingenua Azula-neesan-Respondió el niño tranquilo
-¿Eh?
-Hace mucho frío-Dijo el niño, como si quisiera cambiar el tema
-Es verdad-Comento la pelicastaña
-¿Qué es lo que estará ocurriendo?-Pregunto Azula, pero al parecer el destino le respondió, porque por una fracción de segundos, cuando giro a su izquierda para ver el parque, se sorprende al ver el famoso carruaje. Cerro sus ojos y al abrirlos, ya no había nada-Fue mi imaginación-Susurro.
-¿Azula?-Pregunto Robert
-E-… ¡Estoy bien!-Sonríe-¡Descuida!
-¿Segura?-Ve como asiente con la cabeza-Esta bien
-Lo siento chicos, pero ya debo irme. O mi abuela me dará otro sermón aparte de la tradición familiar.
-Suerte-Dijeron sus amigos mientras la veían irse corriendo.

Azula estaba en su cuarto, maldiciendo su mala suerte. Le gustaba el kimono que debía usar para recibir a sus invitados, pero no le gustaba que lo usara por la tradición y darle más motivos a su abuela para convencerla.
Su cabello se lo había recogido de forma elegante y con el adorno de una pequeña pluma de pavo real para que combinara con su kimono, que consistía en uno azul oscuro, con algunos reflejos blancos, se dejo los hombros libres ya que le molestaba por lo que los tenía al descubierto (Y que su abuela se vaya a la punta del cerro si le dice algo al respecto) y las mangas le rebasaban las manos por algunos centímetros. El decorativo era de pequeñas plumas blancas y unas enormes plumas de pavo real que parecían como si tuvieran vida y estuvieran meciéndose en el traje. Se había puesto uñas postizas que parecían las garras de un animal salvaje, eran de color azul de base, con pequeñas gotas de colores de adornos y en ambos dedos índices, colgaba un pequeño arete que finalizaba con una perla.
-Te ves hermosa-Oyó al mismo tiempo en que la puerta se abría.
-¿Por qué tengo que recibir así a mi familia madre?-Cruzando sus ojos miel con los azules de su madre.
-Vamos Azula, ¿O me vas a decir que no te gusta el kimono que te confeccione?-Al ver como su hija esquivaba la mirada con un leve rubor, sonríe divertida-Lo ves, te gusta
-Eso no es el problema. No quiero darle motivos a mi abuela para que afirme su ridiculez…Sin ofender-Agrego rápidamente.
-Descuida, yo tome mis propias decisiones como tú ahora Azula. Yo quise seguir con la tradición, aún después de estar casada y si tú no quieres…No te voy a obligar y eso lo sabes muy bien-Poniéndose detrás de ella para que ambas se vean en el espejo-Aunque perdemos una gran obra de arte.
-No digas tonterías-Sonrojándose.
-Por cierto, esto es a último minuto. Tu padre invito a un amigo y va a venir con su sobrino, ¿No te molesta?
-Genial, más gente me va ha ver con esta cosa ridícula-Suspiro-Esta bien.
-Y ya llego tu abuela con el pariente misterioso. Se amable, ¿Sí?
-Si es que mi abuela no me saca de quicio, esta bien-Su madre vuelve a sonreír y ambas salen del cuarto de la chica.
Al reunirse con los demás, Azula distinguió de inmediato a su abuela de 56 años. Su rostro reflejaba que era una persona estricta y seria, y sus ojos eran de un cansado color azul. Su piel pálida se veía apagada y con pocas arrugas. Su cabello estaba recogido en un tomate alto (Lo tiene rebasando los hombros) y de color negro con canas de compañía, incluso más que Aquiles. Vestía un kimono simple de color negro, calcetines blancos y unas sandalias. Aquella mujer era Zaya Himura, madre de Iris y abuela de Azula.
-Hola abuela-Dijo Azula con una sonrisa, estaba tratando de parecer toda una “Niña ejemplar”.
-Azula, haz crecido desde la última vez… ¿Y eso fue…?
-Hace un año abuela. ¿Y donde esta aquel pariente que vendría contigo?
-Ah si-La joven notó como su abuela hizo un gesto de desaprobación, como si aquella persona misteriosa no le cayera bien-Palas, ven aquí querida.
-¿Palas?-Murmuro Azula, con la rara sensación de haber oído ese nombre antes.
-¿Me llamaste Zaya-san?-Pareciendo una joven de la misma edad que Azula y acompañada por Aquiles-Estaba escuchando historias increíbles de Aquiles-san.
Azula miro a la joven y se sorprendió que era idéntica a su abuela, es decir, a como era Zaya en sus años de juventud y al verla, aumento más la sensación de haberla oído de algún lado.
Era hermosa. Su blanca piel, era como la de ella, como si fuera una frágil muñeca. Sus ojos eran azules como casi toda su familia y brillaban como nunca, eran una mezcla de alegría, inocencia, rebeldía y una pizca de severidad y superioridad. Su cabello negro acariciaba sus hombros con delicadeza como también unos mechones a su rostro y estaba recogido en un medio tomate con un broche que parecía estar hecho de diamantes.
Como Zaya y Azula, vestía un kimono, cuyas mangas holgadas y bien anchas, le rozaba con gentileza las muñecas, este era un azul oscuro que parecía morado y con blanco como si fueran la luz de una linterna. El decorativo consistía en diamantes, se podía ver diamantes como la de las cartas españolas y algunas pequeñas que estaban agrupadas, formando unas estrellas. También se había puesto unas uñas postizas como la joven, estas estaban pintadas de negro con algunas líneas blancas y cada uña tenía incrustada una pequeña piedra negra.
-Tú debes ser mi prima Azula, ¿No es así?-Sonríe-Soy Palas Himura y soy tu pariente por lado del bisabuelo Alphone que en paz descanse.
-Azula Himura. Es un placer Palas-Y en eso recuerda-Ahora recuerdo
-¿Eh?-Curiosa.
-¿Alguien te ha dicho que te parecer mucho a la bisabuela Palas? Incluso tienen el mismo nombre-Sonríe
-Sí, ¿Verdad? Todos me dicen eso, ¿No Zaya-san?
-Sí-Con un tono que al parecer, no le gustaba mucho que relacionaran a la chica por su madre.
Estuvieron un momento agradable, Azula jamás creyó que encontraría a alguien que compartieran los mismos gustos. Cuando Iris y Zaya finalizaron de preparar la cena, oyeron como tocaban a la puerta.
-Debe ser tu amigo querido-Hablo Iris
-Tienes razón-Dijo Aquiles mientras se levantaba-Yo iré-Y se retira del comedor.
-Dime Azula, ¿Vas a la universidad? ¿Qué estas estudiando?
-Voy a la Eiffel y estudio periodismo-Sonríe-Ya que eso me ayudará mucho a ser una gran escritora y pienso seguir los pasos de mi padre.
-¡Eso es fantástico! Te deseo lo mejor-Sonríe.
-Ni hablar-Oyeron decir a Zaya-Azula no perderá su tiempo en tonterías, ella debe seguir con la tradición de Geisha-Ve a Iris-Me sorprende que no le pares los carros hija.
-Pues madre, Azula tiene derecho a tomar sus decisiones. No puedo forzarla a hacer algo que no quiere.
-Zaya-san-Palas, por primera vez delante de su prima, sus ojos mostraron seriedad-No te metas en los asuntos de Azula, si ella ya tiene claro que es lo que quiere hacer, pues que lo haga. No eres nadie para meterte, ¿Oíste?
-Sí Palas-Parecía esforzarse por decir esas palabras y no le gustaba para tener que decirlas o obedecerla.
-S-Sorprendente-Exclamo Azula-Nadie se ha atrevido a hablarle así a mi abuela, ni mucho menos controlarla.
-Ella no puede insultarme ni contradecirme…Por lo que más quisiera-Con una leve sonrisa de nostalgia.
-¿Eh?-Sorprendida y confundida.
-Atención gente.Les presento a Ulises Ichiro, maestro de kendo y mi mejor amigo.
-Que modesto Aquiles-Dijo su amigo.
Ulises, al parecer, era más joven que Aquiles, no debía tener más de 29 años. Su piel era algo bronceado y cuerpo bien formado gracias al deporte que práctica y enseña. Sus ojos eran de color café, se podían ver en ellos una mezcla de sabiduría con alegría. Su cabello era corto, con algunos flequillos rozándole la frente, liso y rubio.
Vestía unos pantalones holgados de color rojo, calcetines azules pálidos zapatos negros y una pollera blanca con las mangas hasta los hombros. Sus manos sostenía lo que había usado para protegerse del frío: Una chaqueta negra y corta, unos guantes y bufanda, ambos de color rojo.
-Déjame ayudarte con eso Ulises-Se ofreció el padre de Azula mientras tomaba esas protecciones del frío y los colgó en un perchero.
-Gracias Aquiles. Y no puedo creerme que esta preciosura sea Iris, cada día luces más hermosa-Besando su mano derecha.
-Siempre tan amable Ulises-Sonríe.
-¿Y quien de estas adoradas jovencitas es Azula?
-Soy yo-Dijo la mencionada mientras se levantaba y se acercaba a él.
-¡Como has crecido!-Abrazándola-¡La última vez que te vi, tenías 4 años y andabas causando revueltos en todas partes! Y ahora eres toda una mujer, de seguro debes tener muchos pretendientes.
-No me lo recuerde-Recordando su día en la universidad.
-¿Y tu sobrino Ulises?-Pregunto Iris.
-Ah si, ahora viene. Ven aquí Kyou y conoce a los anfitriones.
-¿Eh? ¿Kyou?-Recuerda el apellido de Ulises-¿No será…?-Rogándole a todos los dioses que este equivocada, que solo sea una coincidencia.
Pero no fue así, los dioses y el destino le dieron una mala jugada, porque con ellos se reúne un chico de ojos azules y cabello café. Sus facciones, como siempre, eran serias y esta vez, lucían tranquilos. Vestía en aquella ocasión unos jeans negros y un suéter verde pálido que le rozaba la cintura con las mangas largas y era holgado.
-Ichiro-san-Soltaron sus labios sorprendida, sin despegar su vista de la del chico, quien al parecer, no se había sorprendido de verla.
-Te dije que nos veríamos de nuevo Himura-Con una sonrisa irónica y leve.

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 Asunto: Re: El Carruaje de Hielo
NotaPublicado: Jue May 08, 2008 5:03 pm 
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<.< bueno aquí apareciendo, me había olvidado de pasar aquí. Leí aunque... no se XD esto es muy extraño, por así decirlo. Si estás trabajando con profesiones que existen, me pregunto si hiciste una investigación o lo sacas de la tv o de tu imaginación. Cuando uno trabaja con cosas reales hay que hacer un poco de investigación. No sé me surgió esa duda. A ver como le sigues <.<~~

puxurros~ :arrow:

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 Asunto: Re: El Carruaje de Hielo
NotaPublicado: Jue May 08, 2008 8:39 pm 
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aunque no me lo creas...si lo hice!
sobre las geisha xk de ellas no sabia NADA
y si te refieres a la leyenda, recuerda que la invente
y si te refieres a Eiffel, eso tambien lo invente yo XD

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 Asunto: Re: El Carruaje de Hielo
NotaPublicado: Jue May 22, 2008 11:18 am 
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Mensajes: 5
Buenas!!! Soy una novata que viene a opinar...

Ahí va:
Esta genial y esta muy bien escrito, sencillamente m'encanta! Haber si lo continuas pronto porque con el primer capitulo y ya se queda interesante...
Haber si actualizas dentro de poco y asi puedo continuar leiendo tu fabulosa história, jeje.

Bye bye!!


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 Asunto: Re: El Carruaje de Hielo
NotaPublicado: Vie May 30, 2008 10:44 pm 
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Capitulo 2: Lo que hay en el carruaje.

Ambos jóvenes no dejaban de mirarse. Azula estaba sorprendida, en cambio Kyou estaba tranquilo. Al parecer, no le sorprendía en lo más mínimo aquel encuentro. Palas miraba con algo de desconfianza aquel chico, algo en él lo hacía sospechar.
-Oh, ¿Se conocen?-Pregunto Iris
-P-Pues…-Trataba su hija de decir algo, pero la sorpresa aún le impactaba.
-Nos conocimos en la universidad-Explico el joven invitado
-¿Azula también va a Eiffel?-Pregunto su tío-Vaya sorpresa. Azula, ayuda a mi sobrino en todo lo posible. Te lo pido.
-C-Claro-Pudo soltar.
-Bueno-Dijo Palas mientras se levantar-Espero no sonar grosera, pero creo que la cena nos espera y si seguimos así, se nos va ha enfriar.
-Palas tiene razón-Apoyo Aquiles-Por aquí-Guiando a los invitados, pero Kyou se detuvo al estar frente a Azula.
-Himura, te ves muy bien con aquel kimono
-G-Gracias-Agachando su cabeza sonrojada-¿Cómo sabías que nos veríamos de nuevo? ¿Te lo dijo tu tío?
-No, él me dijo que veníamos cuando llegue de la universidad. Lo supe…-Toma gentilmente sus labios y con delicadeza poza sus labios de forma dulce. Aquel tacto provocó que Azula se pusiera más roja de lo que ya estaba-De alguna forma
-¿Eh? ¿De alguna forma?-Sonrojada
-Ese chico-Pensó Palas al notar algo en él que la hizo acercarse, interrumpiendo el momento-Vamos a cenar Azula-Su prima asiente y se adelante, dejando a ambos solos-¿Quién eres?-Viéndolo con frialdad
-Kyou Ichiro
-No juegues conmigo. Si eres uno de ellos, entonces te advierto que te alejes de ella.
-Me han hablado de usted Palas-sama y le aseguro que no soy de aquel bando.
-Te estaré vigilando-Vuelve a su compostura y se reúne con los demás.
La cena fue agradable y Zaya estuvo al margen de las conversaciones, no era de su agrado y eso no le gusto mucho a Palas, quien no dejaba de ver a Kyou de forma sospechosa mientras intentaba calmar la tensión de Azula hablando ya que la universitaria no dejaba de sentirse extraña y confundida por las palabras del chico.
-Visítenos cuando quieran, son bienvenidos
-Gracias por tu amabilidad Aquiles-Agradeció Ulises mientras ambos se estrechaban las manos.
-Cuida a tu tío Kyou-chan-Pidió Iris con una sonrisa
-Lo haré Iris-san-Inclinando la cabeza-Gracias por su generosidad.
-No hay de que. Cuida a mi hija en la universidad, ¿Si?
-¡Madre! ¡No le andes pidiendo esas cosas!-Sonrojada a causa de la vergüenza.
-Será un honor cuidarla-Respondió el chico, sorprendiendo a la joven.
-Cuídate Ky-chan-Dijo Palas con una sonrisa mientras se aferraba de su prima y los flequillos le ocultaban sus serios ojos, siendo Kyou el único que pueda verlos.
-Gracias Palas-Y tío y sobrino se fueron.

-¡¿Qué?! ¡¿Kyou Ichiro estuvo en tu casa?!
-Lo que oíste Meiling. Su tío es amigo de mi papá y él los invito a cenar, por lo que...
-¿Pero no te parece extraño lo que te dijo? Eso de que ya lo sabía y no por su tío
-¿Y me lo estás diciendo a mí? Yo estoy realmente sorprendida. Ese chico es extraño.
-Más extraño lo que le dijo a tu madre. Oye, ¿No estará actuando así para conquistarte?
-Pero que tonterías estas diciendo Meiling-Regaño-Él no parece esa clase de persona.
-Esta bien, esta bien. Pero en verdad…Aún sigo sorprendida por lo otro.
-¿Otro?-Confundida
-Ya sabes, lo de tu abuela y tu pariente lejana que por cosas del destino se parece a tu bisabuela.
-Es verdad, eso si fue sorprendente. Y más extraño aún es lo que me dijo, aún no le doy una respuesta-En eso oyó un ruido extraño proveniente de su ventana-¿Eh?
-¿Qué pasa?
-Espera, que creo que escuche algo-Deja el móvil sobre la cama, se acerca a la ventana y la abre. Al fijarse bien a su alrededor, tuvo que hacer un gran esfuerzo por no gritar ya que creyó ver la sombra de un carruaje. Cierra sus ojos nuevamente y al abrirlos, ya no había nada-Fue mi imaginación-Suspirando aliviada mientras volvía con su móvil.
-¿Y? ¿Paso algo?
-No, descuida. Fue mi imaginación, últimamente ando viendo cosas.
-Ten cuidado, ¿Vale?
-Vale, bueno, te dejo que me voy a bañar-Se despiden y cuelga. Antes de irse de su cuarto, mira nuevamente la ventana por si volvía a aparecer. Pero al darse cuenta de aquella idea, sacudió la cabeza de forma negativa y se dirigió al baño, auto regañándose por su “Locura”.
Lo que no sabía, era que en el techo de su casa estaba Palas, mirando la mismo lugar donde Azula vio la silueta con desconfianza y preocupación.
-Esto es malo… ¿Qué es lo que quieren de Azula? ¿Acaso…?

Al día siguiente, Azula salió de su casa abrigada, aún seguía el frío. Según los noticieros, era un extraño fenómeno que nunca nadie había oído antes por lo que no sabe cuando parará. Ella intentaba de no pensar en nada, solo en lo que tenía estudiado para el examen de hoy, pero los comentarios sobre la leyenda y su familia que oía no ayudaba mucho.
Cuando llego a la mitad de su acostumbrado recorrido, se detiene al ver a alguien que ella conocía apoyado en la pared de una tienda. Estaba mirando el cielo con su característica seriedad mientras su mano derecha sostenía su bolso. Al parecer, se había dado cuenta que lo observaban porque comenzó a agachar poco a poco su cabeza para luego cruzar su mirada azulada con los ojos miel de la chica.
-Buenos días Himura.
-Buenos días Ichiro-san. ¿Qué estabas haciendo?
-Esperándote-Sin rodeos
-¿E-Es…Esperándome?-Sorprendida.
-Sí, ¿Te molesta?
-N-N-… ¡No! ¡Para nada!-Sacudiendo su cabeza en forma de negación-Solo me sorprendí, es todo-Tratando de no parecer avergonzada.
-Bueno, le hice una promesa a tu madre y con Hatake molestándote…Pensé que podría ayudarte.
-No es necesario que te lo tomes a pecho. No quiero que te lastimen por mi culpa, además, yo se cuidarme. Mi padre me enseño todo lo que sabe sobre el karate.
-¿Por qué entonces…?
-¿No lo use?-Sonríe-Mi padre siempre me decía “Azula, recuerda que debes usarlo solo para defensa. Ataca solo cuando es para proteger a alguien. Nunca lo olvides” Aunque me arrepiento de no haberlo usado en el momento en que involucraron a Meiling-Suspiro-Aun me falta práctica.
-Himura
-Dime
-…-Voltea para ver fijamente a la chica, penetrando su mirada en ella, como queriendo leer su mente-Se acerca
-¿Eh? ¿Se acerca?
-Ya sabrás-Y vuelve con su caminata, como si no hubiera pasado nada.
Cuando pusieron un pie dentro de Eiffel, comenzaron a llamar la atención de los demás y los murmullos no tardaron en invocarse. Kyou la acompaño hasta su casillero y una vez que la chica lo abrió, unos brazos la rodearon para luego sentir un gran peso sobre su espalda.
-Buenos días Azula
-Buenos días Meiling
-Hoy viniste con tu príncipe.
-¡No digas estupideces!-Sonrojada.
-Buenos días Azula-Robert se hizo presente-Buenos días Ichiro
-Buenos días Amane-En eso notó algo en los amigos de la pelinegra que lo hizo sonreír levemente-Ustedes también.
-¿Cómo?-Preguntaron los 3 a la vez, confundidos.
-Nos vemos después Himura-Dijo antes de perderse de vista.
-Definitivamente es extraño-Comento la castaña
-Meiling
-Dime Azula
-Pesas-Su amiga aún seguía sobre ella.
-Cierto, cierto-La libera-Lo siento.
-¿Viniste con él?-Pregunto el muchacho.
-Sí, ¿Ocurre algo?
-Nada-Molesto, dejando a su amiga confundida.
-Alguien esta celoso-Dijo Meiling divertida
-No estoy celoso-Más molesto aún-Apresurémonos o se nos hará tarde.
-Vale, vale señor celoso
-¡Que no estoy celoso!
Azula había volteado para ver la dirección por la que se fue Kyou. Aún estaba confundida por sus palabras, por su comentario, Actuaba como si él ya sabía que ellos se conocerían…O como si alguien le hubiera hablado de ella. La pregunta sería… ¿Quién?

-¿Qué estas haciendo Palas?-Le pregunto Zaya al verla entre los árboles, viendo un extraño collar que colgaba de su cuello.
-Nada importante Zaya. Tengo dudas que quiero aclararme.
-¿Dudas? ¿Sobre qué?
-Kyou Ichiro-Respondió haciendo presión de la mano que sostenía el collar-Eh descubierto lo que me llamaba la atención y me preocupa.
-¿No estará relacionado con eso? ¿Con mi abuela Maron?
-Me temo que si Zaya. Y Azula esta involucrada, es más, tiene marcado el mismo destino que tu abuela.
-¡Pero se supone que eso había acabado! ¡¿Y qué pasa si Azula decide el mismo camino que Maron?! ¡Sería el fin de nuestra familia!
-Zaya, te lo dije antes y te lo repito: Azula toma sus decisiones y nadie más. Confió en que hará lo correcto y sea lo que sea que elija, yo la apoyo.
-¡Pero…!
-Te prometo ir con ella si decide ir y la cuidare bien, después de todo ella es…-Se interrumpe para ver nuevamente su collar-Volver allá después de tanto tiempo, ¿Eh? Eso si es irónico-En eso siente algo-Zaya, entra a la casa.
-¿Estas segura?
-¡Que vayas a la casa eh dicho! ¡No me contradigas y ve rápido!-Le ordeno alterada. Una vez que Zaya se fue, furiosa voltea para ver unos arbustos-¡Te ordeno a que salgas!
-Es bueno verla nuevamente Palas-sama
De entre los arbusto, salio una persona de edad avanzada, se veía no tener más de 70 años. Su cabello canoso (Como también su bigote y larga barba) lo tenía peinado hacía atrás, corto y liso. Sus ojos cansados eran de color negro y a través de ellos, se podía ver que era una persona gentil y leal. Su piel era opaca, algo bronceada y con algunas arrugas.
Vestía como todo un mayordomo: Blusa blanca, pantalones negros como la chaqueta que le llegaba a las rodillas y abrochado con solo dos botones, zapatos también negros y bien lustrados y una cortaba del mismo color.
-¿Qué quieren de Azula, Hefaistos?-Pregunto sin rodeos.
-Azula-sama, como Maron-sama quien en paz descanse, ha heredado el Agua.
-Lo supuse en el momento en que la vi. Entonces, si la están llamando, ¿Eso significa que…?
-Sí, se necesita de nuevo a los Elegidos, a los de las 5 líneas. En otras palabras, ellos volvieron.
-¡Eso es imposible! ¡Maron…!
-Me temo que Agamenón logró liberarse dos años después y él logró finalmente liberar a los demás.
-Odio tener razón en este tipo de cosas. ¿Qué tiene que ver en esto Kyou Ichiro?
-Lo visite antes de que viniera a Tokio. Él ha heredado el Fuego.
-Eso explica su comportamiento, él ya sabe todo lo que esta pasando.
-Ahora mismo iba a ver el que ha heredado la Tierra. Pero decidí venir a verla cuando la sentí cerca.
-Dile a mi tía…Que voy si es que Azula decide ir.
-A la orden Palas-sama-Y el viento lo rodea, ayudándolo a desaparecer.
-Azula, ¿Qué es lo que harás?

Después de largas horas, finalmente las clases finalizaron para Azula y Meiling ya que hoy salían temprano las personas que estudian periodismo. Cuando salieron, se extrañaron el no ver a Chris ya que siempre los esperaba en ese lugar a las 1.
-Es raro que no este aquí-Azula estaba preocupada-¿Y si le paso algo malo Meiling?
-Tranquila, de seguro se le hizo tarde y ahora mismo esta viniendo como si estuviera en una maratón-Tratando de calmarla.
-¿Y si…Volvió a atacarlo el recuerdo?
-No pienses en eso. Te aseguro que esta bien y si aún no estas conforme, llámalo-Pero no fue necesario, porque a penas Azula sacó su móvil, oyeron el sonido de pisadas-Te lo dije, ahí viene.
-¡Chris!-Exclamo feliz de verlo corriendo hacía ellas. Tira sus cosas y lo abraza.
-¿Azula-neesan?-Sorprendido.
-Que alivio. Estaba preocupada, tenía miedo de que te haya pasado algo malo-Decía mientras lo abrazaba con firmeza y cariño a la vez.
-Esta ya parece su madre-Soltó Meiling mientras suspiraba-Estaba que le daba un ataque de nervios.
-¿Ataque de nervios? ¿Por mí?-Viendo como podía a la chica porque seguía en sus brazos-Lo siento mucho Azula-neesan.
-No digas eso. Me preocupo porque te quiero Chris, no lo olvides. Nunca lo olvides.
-Porque te quiero-Repitió el niño en sus pensamientos. Y le correspondió el abrazo, hundiendo su rostro en el pecho de la chica-Gracias Azula-neesan.
-¿Qué te hizo tardar tanto Chris?-Pregunto Meiling
-…-No sabía que responder-Un anciano
-¿Un anciano?-Preguntaron ambas a la vez, viendo como asentía.
-Vas a recibir una visita esta noche Meiling y también mi hermano-Azula notó un extraño brillo en los ojos del pequeño-Y también tú Azula-neesan, la tendrás mañana.
-Chris…-Murmuro confundida y sorprendida.
El pequeño solo cerro sus ojos para girar su rostro hacía su derecha para ver la universidad, especialmente a alguien que estaba viéndolos en el tercer piso. Sus ojos azules se cruzaron con las del misterioso, quien resultaba ser otro que Kyou.
-Por su mirada y por como me notó, significa que ya se lo han dicho-Murmuro el joven.

Meiling había llegado a su casa justo a tiempo ya que el teléfono estaba sonando. Deja todo en el suelo y corre a recoger el teléfono.
-¿Diga?
-¡Mi pequeña!
-¡Mamá! ¿Terminaste con la película?
-Sí, hace dos horas. Te llamo para saber como andas, ¿Todo bien?
-Por supuesto, de maravilla-Sonríe.
-Eso me alegra. Meiling, se que te prometí que iríamos a la premier, pero…-Meiling, ante esas palabras, sus ojos se oscurecieron y humedecieron, estaba esforzándose por no llorar-Mi representante quiere que vaya solo con mi compañero de la película, no cree que sea bueno para mí que el público sepa que tengo una hija.
-Ya me lo temía. Descuida mamá, será para la próxima. Pero vendrás a verme pronto, ¿Verdad?
-Haré lo que pueda, te lo prometo
-Debo…irme…tengo que…preparar la cena… ¡Adiós!-Y sin esperar una respuesta, cuelga. En el momento que dejo el teléfono de manos libre donde estaba, su mano sintió algo húmedo y cálido: Sus propias lágrimas-Siempre es lo mismo.
Sus padres se divorciaron cuando ella solo tenía 5 años y la mayor parte del tiempo estaba con su padre, pero sola a la vez porque su padre casi nunca estaba por su trabajo y cuando estaba, no podía pasar unos momentos juntos porque debía trabajar.
En cambio, con su madre, casi nunca podía estar con ella y cuando lo estaba, el representante la mantenía en la habitación del hotel o en un remolque porque como la audiencia no sabían que la actriz era madre, decidió ocultarlo para mantenerla como “Pura” y la madre, no se opuso, cosa que a la joven le molesto.
Con los años, se acostumbro a estar sola y un día, cuando tenía 14 años, le dijo a sus padres que pensaba terminar sus estudios en Japón, que ya no quería estar más en China si los profesores la fastidiaban y sus compañeros la molestaban e insultaban, y ellos accedieron.
Una vez en Japón, había decidido mantenerse a la margen del mundo, sola, como de costumbre, pero luego…

Flach Back
-¡Hola!-Oyó detrás de ella mientras preparaba su bolso para irse a almorzar. Voltea y ve a Azula con solo 14 años, su misma edad-Eres Sou Meiling, ¿No?
-Sou-sama para ti-Levantándose, quería alejarse de ella lo más pronto posible
-Vaya, te levantaste hoy con el pie izquierdo Sou-sama-Con una sonrisa. La joven chica se había sorprendido, esperaba que ella se enojara-Mi nombre es Azula Himura, puedes decirme Azula sin rodeos.
-Como quieras, ahora déjame en paz.
-Debe ser muy difícil, ¿No es así?
-¿Qué quieres decir?
-Ser la hija de un empresario de hoteles que nunca esta contigo y de una actriz que te oculta al mundo porque obedece lo que dice su representante.
-¡¿Cómo tú…?!-Sorprendida y furiosa con aquella chica.
-Porque soy tu gran admiradora-Le respondió con una cálida sonrisa.
-¿Mi…Gran Admiradora? ¿Por qué?
-Porque seguir adelante con toda esa expresión, como si nada…Es sorprendente. Yo habría huido, en cambio tú seguiste. Eso es de admirar Sou-sama.
-¡Eso no es verdad! ¡Tú…Tú no sabes nada! ¡No sabes como me siento!
-Es verdad, no puedo saberlo. Pero…Quiero estar contigo para saberlo y…Para ayudarte a olvidarlo. Quiero ser tu amiga y acompañarte siempre para que nunca más te sientas sola-Le ofrece su mano derecha-¿Me dejas Sou-sama?
-Meiling…Dime Meiling-Tomándola con gusto.
-Lo que tú digas Meiling-Volviendo a sonreír.
-Gracias…-Murmuro
Fin Flach Back

-Que importa si tengo unos padres que no me prestan atención si tengo grandes amigos-Se dijo mientras se limpiaba el rostro de las últimas lágrimas, pensando en Chris, Robert y su primera y gran amiga Azula.
-Buenas noches Sou Meiling-sama, heredera de la Madera.
La joven se paraliza al oír a aquella voz pensando que era un ladrón, voltea asustada para luego sorprenderse al ver que frente a ella tenía a una persona de edad avanzada.

Era un nuevo día, el esperado domingo, día en que Azula no tenía que preocuparse por ir a la universidad o preocuparse por trabajos hasta las 6 y quiso aprovechar bien ese día. Una vez vestida (Botas de cuero y algo arrugadas de color rojo, una falda hasta las rodillas como al estilo de los uniformes del mismo color, un suéter con cuello de tortuga de color negro y encima, un blanco abrigo), pesca su bolso, se despide de sus padres y sale de la casa con la intención de ir de compras.
-Invitare a Meiling-Saca su móvil del bolsillo y marca el número de su amiga.
-Hola Azula, ¿Qué pasa?
-Hola Meiling, ¿Me acompañas a ir de compras?
-Lo siento, pero no puedo. Tengo…Que terminar un trabajo.
-¿Estas bien? Te oyes extraña.
-Tranquila, estoy bien. Bueno, adiós-Y cuelga.
-¿Qué le pasara?-Viendo su móvil.-Ni modo
-¡Azula!-La susodicha voltea para ver que era su prima Palas
-Hola Palas
-Te estuve siguiendo un buen rato. ¿A dónde vas?
-De compras, ¿Me acompañas?
-¡Claro!-Sonríe-¿Pensabas ir sola?
-Quería ir con Meiling, pero al parecer, ella no puede.
-Ah-Al agachar la cabeza, sus ojos mostraron preocupación y seriedad-¿Ella también?
-¿Eh? ¿Ella también de que?
-Nada, nada. No dije nada. A comprar hasta que no funcionen nuestros brazos.
-Tú lo has dicho-Sonríe.
Pasaron una tarde agradable, compraron hasta que era la hora del almuerzo y decidieron ir a un restaurante a comer. Una vez que tenían sus pedidos, comenzaron a hablar y comer hasta que el móvil de la joven sonó.
-Discúlpame un momento Palas-Y contesta-¿Diga?
-¿Himura-san? Soy Inoue, te llamo para decirte que olvidaste en el salón de Literatura II parte de tu trabajo de…
-¡Mi trabajo sobre Homero! ¡Oh no! Gracias Inoue, iré para allá-Y cuelga-Rayos, olvide mi trabajo.
-Ya terminamos de almorzar, ¿Por qué no vamos?
-¿Estas segura Palas?
-Completamente primita-Sonríe-¿Vamos?
Azula asiente y paga la cuenta. Salieron del restaurante y caminaron hacía Eiffel. Una vez que llegaron, caminaron hacía el salón de Literatura II y vieron a un joven algo despistado que los estaban esperando.
-Buenos días Inoue, muchas gracias por avisar.
-De nada Himura-san-Entregándole una amarillenta carpeta-¿Y quien es ella?
-Mi nombre es Palas Himura-Sonríe-Soy su prima. Es un placer Inoue-san y gracias por ayudar a Azula-chan.
-¿Y qué hacías aquí Inoue?
-Bueno, vine para terminar unas cosas para el diario de la universidad.
-Ah, ¿No te importa que te ayude?
-No es necesario
-Por supuesto que si, será mi forma de agradecerte.
-Muchas gracias Himura-san
-No es necesario que te quedes Palas, puedes irte a casa.
-¿Segura?-Ve como asiente-Esta bien, nos vemos en casa. Y me llevo tus compras, para que no tengas que cargar muchas cosas.
-Gracias Palas-Sonríe.
-Bye, bye-Se va.
Ambos universitario caminaron hacía el salón de prensa. Entraron y Azula se quedo de piedra al ver el gran desorden, habían muchas cajas en el suelo que apenas podían pasar y también en las mesas, una sobre la otra. Lo único “impecable” eran las máquinas que usaban para hacer el diario.
-Vaya…-Pudo soltar.
-Lamento el desorden Himura-san
-T-Tranquilo…
Y la joven quiso ayudarlo limpiando el cuarto, cosa que lo llevo todo el día. Inoue la ayudo una vez que termino con el diario. Ambos suspiraron de alivio una vez que terminaron y solo quedaba ordenar unas fotos, lo estaban ordenando cuando Azula repentinamente se detiene cuando ve una foto que llamo su atención.
-Esto es…
-El nuevo logotipo del equipo de fútbol.
-Sí…-Pero no fue eso lo que la impresiono o la hizo sonrojar un poco, fue el hecho de que en esa foto salía alguien que la hacía poner así-Ichiro-san-Susurro.
-¿Dijiste algo Himura-san?
-No, no dije nada-Con una sonrisa nerviosa. Una vez que logro engañarlo, saca de su bolsillo su móvil y con el, usa su cámara para sacarle una foto a la imagen de Kyou.

-¿Por qué diablos hice esto?-Alego Azula, viendo en su móvil la imagen del chico.
Era de noche cuando finalmente pudo irse. Estaba caminando por las frías calles con su vista puesta en el móvil, sus ojos no querían dejar de ver la foto de Kyou Ichiro.
-Me estoy comportando como esas tontas enamo…-Se interrumpe al darse cuenta de lo que iba a decir. Sacude su cabeza de forma negativa mientras sus mejillas sentían el calor del rubor-Soy una tonta del verbo tonta.
Sus pasos la llevaron a la plaza, quiso tomar el camino más corto para llegar de una vez a su casa y dejar de sentir el misterioso frío que rodeaba Japón. Pero se detiene de golpe al oír detrás de ella un extraño ruido. Sentía como su corazón latía cada vez más fuerte y como pocas gotas de sudor recorría su rostro cuando aquel sonido se acercaba más, descubriendo que aquel sonido misterioso en realidad era…Galopes.
-N-No puede ser…-Susurro con miedo mientras oía esos galopes más fuertes, mezclado con un sonido que parecía ser un látigo-No puede ser…-Repitió.
Para convencerse de que solo era su imaginación, lentamente comienza a voltear, pero al parecer, el destino le jugo una mala pasada porque al voltear, se asusta tanto que no podía mover su cuerpo y al parecer, quería soltar un grito pero el pánico no le dejaba. ¿Por qué estaba así? Era porque veía como se acercaba hacía ella un carruaje de 120n centímetros más largo que un adulto y que era jalado por blancos caballos que eran guiados por una persona de edad avanzada que vestía como un mayordomo y por lo que se veía, no estaba para nada abrigado, como si el frío no le afectará Aquel carruaje estaba hecho de puro, pero solo de una cosa: Hielo. Era el legendario Carruaje de Hielo.
-Esto no puede ser verdad-Susurro asustada-¿Acaso voy a…Voy a…?-Sin poder soltar la palabra morir.
A medida que se acercaba, Azula se sorprende más al ver que esos caballos blancos en realidad eran unicornios blancos, podía ver sus resplandecientes cuernos. El carruaje se detuvo cuando las puertas laterales quedaron frente a ella y retrocede dos pasos al ver como el anciano se bajaba.
-Tranquila Azula-sama, no voy a hacerle daño.
-¿Q-Quien es usted?
-Mi nombre es Hefaistos y estoy a sus órdenes-Inclinándose ante ella.
-¿Hefaistos?
-Déjeme presentarle a alguien-Se acerca a la puerta y la abre, mostrándole a la joven oscuridad total, pero algunos rayos de la luna entraron a través de las pequeñas ventanas por lo que podía ver una silueta que dedujo que era una mujer por la forma en como tenía cruzada sus piernas.
Aquella femenina silueta, en cuando se movió, Hefaistos se inclino nuevamente. Al bajarse del carruaje, la luz de la noche la pudo reflejar con claridad, sorprendiendo a Azula de tanta belleza. Aquella mujer tenía la piel tan blanca como la nieve, que parecía superar la piel de Azula. Su cabello era liso y blanco, se veía elegante y muy delicado, y era tan largo que le llegaba a los tobillos. Sus ojos (Cosa que la sorprendió mucho más) eran completamente plateados y por lo que pudo notar, aquellos ojos mostraban pura gentileza y bondad, también cariño, como si estuviera muy feliz de verla.
Vestía una blanca toga, con un poco profundo escote en V, las tiras que lo mantenían al cuerpo eran de finas cadenas de oro y también había una cadena de oro rodeándole las cadenas, era corto por arriba de las rodillas por adelante y por atrás era largo, rebasando los tobillos, como si fuera un velo. Sus pies solo llevaban unas sandalias que al parecer, también parecían hechas de oro puro.
-Mi nombre es Diana del clan real Artemisa.
-¿Diana? ¿Clan real?
-Soy la reina de Olimpy Snow.
-¿Ha dicho usted Olimpy Snow?
-Mi clan o familia son los gobernantes de mi planeta.
-¿Un planeta llamado así? Debo estar soñando.
-No estas soñando Azula-Sus labios mostraron una cálida sonrisa-Siempre eh querido verte frente a frente.
-¿Cómo?
-Desde el día que naciste hasta el día de hoy, te eh observado-Y gira su rostro a su izquierda, viendo fijamente unos arbustos-No vas a morir Azula, tu familia creo esa tonta leyenda para ocultar la verdad.
-¿Verdad? ¿Qué verdad?-Diana no dejaba de ver aquel punto fijo.
-¿Por qué no se lo decimos juntas…Palas?
-¿Cómo?-Sorprendida, mira hacía la misma dirección y en efecto, Palas estaba allí, escondida.
-Hace mucho que no te veía Palas-Sonríe.
-Lo mismo te digo. Cuando te dieron mi mensaje, decidiste venir personalmente, ¿No es así?-Cruzándose de brazos.
-En parte ya que desde hace tiempo, decidí ser yo quien le cuente su destino-Y nuevamente fija su mirada en la joven-¿De que hablaremos primero?
-Azula-Viéndola con seriedad-La verdad es que yo no soy tu prima.
-¿Cómo?-Sorprendida.
-Soy tu bisabuela Palas.
-¡¿COMOOOOOOO?!-Fue el grito que invadió todo el parque.

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