CAPÍTULO VII-¡Tú!- gritó la kurohi enfadada.
-¿Te sorprende verme?- preguntó, sus ojos eran llamas rojas.
-Deberías estar agonizando- escupió las palabras con desdén.
Iseth no agregó nada más. Estaba demasiado alterada para poder hilvanar frases. Sus garras se cerraron violentamente, haciendo crujir los huesos bajo la piel. Sin previo aviso se lanzó contra la kurohi, quien sorprendida estuvo a punto de recibir el golpe de lleno. La demonio intentó hablar pero le fue imposible, pues un nuevo ataque por parte de la lunatian se dirigía hacia ella. Quiso protestar pero no tenía oportunidad, pues la joven lunatian no daba tregua, atacaba sin cesar. A cada instante los ataques eran más rápidos y certeros, como si estuviera jugando con su presa.
-¡Detente!- suplicó, pero la lunatian no la escuchó.
La kurohi presentaba ya varias heridas. Las mortales garras habían dejado profundos surcos sangrantes que dolían terriblemente. Ya no era más que un montón de carne lastimada. Iseth sonreía sádica mientras infringía aún más daño. Mantenía a su víctima sujeta por el cuello alzándola en lo alto mientras la recargaba en una pared.
-¡Basta!- imploró, sin ser escuchada.
Iseth sonreía a cada suplica y grito que escuchaba. Cada vez ejercía más presión en el cuello. Con la otra mano comenzó a dibujar en la piel de su victima, líneas escarlatas. Los gritos agónicos atrajeron la atención de los demonios cercanos. Pero aquello no impidió que Iseth siguiera torturando a su víctima.
Una mano se cerró fuertemente sobre la muñeca de la lunatian. Ejerciendo suficiente presión para obligarla a aflojar el agarre en su víctima. Ella volteó a ver a aquel intruso que se atrevía a entrometerse. Sus ojos rojos observaban con incipiente furia a Addu que con mirada seria mantenía el agarre sobre su muñeca.
-Suéltala- pidió.
Iseth soltó a su compañera de habitación, no porque Addu se lo hubiese pedido, si no por que estaba a punto de atacarlo a él. Sus manos convertidas en garras se lanzaron en busca del cuello del demonio, que evadió el ataque con lo que parecía demasiada facilidad.
Pronto iniciaron un intercambio de golpes y evasiones. Iseth no prestaba atención a nada de lo que se le decía. Simplemente atacaba sin dar tregua alguna. Estaba furiosa y no podía mantener bajo control el instinto de lobo que dormía en su interior.
Antes de que sus garras cortaran la piel del demonio, su cuerpo entero se paralizó. Abrió los ojos sorprendida. Intentó gritar pero le fue imposible. Sólo unos segundos duró aquello, pero fue suficiente para que Addu pudiera dominarla. En un abrir y cerrar de ojos la tenía inmovilizada contra el suelo.
Iseth cerró los ojos, buscando en su interior al responsable de aquello. Unos ojos ambarinos aparecieron proyectados en su mente.
-Tranquilízate- ordenó Azazel. La mirada seria y determinante.
La joven lunatian profirió todos los insultos que sabía en todos los idiomas que pudo. Pero no logró nada. Estaba a merced del demonio que la mantenía contra el suelo. Lentamente se fue desconectando del enlace con su compañero y volvió a tomar conciencia del lugar en el que estaba.
Podía escuchar los murmullos de los demonios y oler la sangre a su alrededor. Abrió los ojos y como pudo enfocó la vista en el demonio sobre ella.
-Suéltame- ordenó con la voz tan calmada como pudo.
Addu dudó en dejarla ir. Los demonios a su alrededor se habían ocupado de su compañera caída, la habían llevado con urgencia hasta donde se encontraban las hechiceras para que atendieran sus heridas. Algunos se mostraban furiosos y en sus miradas podía leerse las ganas de tomar venganza contra la atrevida lunatian que osara atacar a una de sus congéneres.
Iseth comenzó a retorcerse bajo el cuerpo del demonio, intentando soltarse. Se había tranquilizado lo suficiente para mantener quietos sus instintos asesinos. Pero los murmullos y las auras agresivas entorno a ella la estaban poniendo nerviosa.
El demonio finalmente la puso de pie de un tirón, pero mantenía un hechizo que inmovilizaba sus manos. Aquello le ganó una mirada furiosa por parte de la joven. Los demonios se alistaron para hacerse cargo de aquella lunatian atrevida. Sin embargo Addu se puso en medio de ellos.
-Está bajo mi supervisión, yo me haré cargo- afirmó, sujetando con fuerza a la joven para dejar más clara su afirmación.
Iseth pensó que era más prudente mantenerse en silencio, y no empeorar las cosas. Estaba comenzando a ser conciente de sus recientes acciones. Y realmente no estaba muy contenta con su pérdida de control. Y a pesar de haber cerrado el enlace con su compañero, aún podía escuchar su voz reprendiéndola. Tan pérdida estaba en sus pensamientos que no notó cuando se vio arrastrada fuera del lugar.
-¿Es que estás buscando que te echen?
La joven evadió la pregunta desviando el rostro hacía un lado. No iba a ponerse a dar explicaciones a un completo desconocido. Aunque debía estar en cierta medida agradecida con él, no estaba dispuesta a dejarse reprender.
-No es asunto tuyo.
Addu se mantuvo en silencio. Soltó a la lunatian y anuló el hechizo que mantenía inmóviles sus manos.
-Considéralo un favor.
-¿Es este el favor del que hablabas antes?- preguntó creyendo que el demonio creía su cuenta saldada.
-Desde luego que no, la manada vale más que esto, pero al parecer tú no- y sin más comenzó a marcharse.
Iseth se enfureció ante su respuesta, y a punto estuvo de ir en su busca para dejar claras las cosas. Pero desistió, antes que nada necesitaba reanudar el contacto con su compañero.
Comenzó a avanzar en dirección a su habitación, su ropa estaba arruinada, con enormes manchas de sangre. Lo mismo con sus manos, podía oler la sangre de su compañera de habitación. Ya se preocuparía después de las consecuencias que su ataque acarrearía. Por el momento sus prioridades eran asearse y hablar con su compañero. En el camino hasta su habitación, se encontró con Seth que inseguro se acercaba a ella.
-Lo siento…- se disculpó, poniéndose en cuclillas y alzando una mano para que el pequeño lobo fuera hasta ella.
Seth lamió la sangre en su mano y se acercó a ella, olisqueándola. El animal estaba inquieto, pues no acababa de comprender la actitud de la lunatian. Aunque realmente ni siquiera ella acababa de comprender su comportamiento.
Nada más entrar a la mansión, los murmullos comenzaron y cada vez se hacían más fuertes hasta convertirse en insultos gritados desde todas direcciones. Iseth los ignoró estaba segura que eran kurohis indignados por su reciente ataque. Pero aquella desquiciante demonio se tenía merecida la paliza que le había dado. Aunque algo le decía que Azazel no compartía su opinión al respecto.
Entre insultos y amenazas finalmente llegó hasta su habitación acompañada de Seth. No permaneció mucho tiempo, buscó ropa limpia, su frasco con almas y se encaminó a los baños. Una vez ahí se aseó tan rápido como pudo. Pues incluso en aquel lugar escuchaba las amenazas en su contra que proferían los kurohis. Seth no dejaba de gruñirles a los demonios que se atrevían a acercarse demasiado. Pero realmente aquello no contribuía en nada.
Iseth buscó un lugar apartado donde los demonios no la molestaran. Y entonces inició el contacto con su compañero. Al instante en que la conexión se abrió, notó la furia incipiente alrededor de Azazel. Sus ojos de ámbar brillaban amenazantes.
-Espero una explicación sobre tu comportamiento.
-Y yo espero que me expliques porqué me mantuviste en secreto, que mis heridas se convertían en las tuyas.
-Eso no es relevante.
-¡Lo es para mí!- gritó furiosa- No necesito que nadie tome responsabilidad por mis acciones, soy perfectamente capaz de sobrellevar mis heridas.
-¿Realmente eres capaz de enfrentarte a las consecuencias de tus actos?, has sido tú quien comenzó todo esto. Fuiste tú quien buscaba un compañero que te dejara realizar todos sus caprichos. Eres tú quien disfruta de caminar siempre al borde de las reglas. No hay nada gratis, lo sabes, existen consecuencias para cada uno de tus caprichos.
-Te odio… ¡te odio!- gritó en su mente, la furia recorriendo su ser entero.
-Ódiame, eso no cambia las cosas. Si exiges se te trate con madurez empieza demostrando que conoces el significado de la palabra. Deja de actuar como una niña consentida. Date cuenta que nunca tendrás la libertad que deseas, sólo una fantasía que se te permite vivir. Tus actos de estupidez tengo que arreglarlos yo, nadie más.
La lunatian guardó silencio, su cuerpo entero tenso, los puños cerrados fuertemente. Y el rostro bañado en lágrimas de impotencia. Nunca escaparía de la maldición de su raza, nunca dejaría de ser una hembra lunatian bajo el cuidado de algún varón. Jamás sería dueña de su propio destino. Darse cuenta que seguía viviendo una fantasía acabó con su fuerza y determinación.
-Duerme- fue una simple orden, y el contacto terminó.
Azazel estaba tirado en su habitación, ni siquiera recordaba como había terminado ahí. Por suerte las heridas de Iseth habían sido tratadas y al parecer también compartían eso. Pues sus propias heridas comenzaron a sanar, y el efecto del veneno a desaparecer. No había manera de describir el dolor por el que tuvo que pasar, en toda su existencia nunca había sido victima de un veneno tan poderoso. Se alegró de seguir vivió, casi se alegró de que ambos estuvieran bien.
Giró el rostro y se encontró con la fotografía de Iseth, sonriéndole desde el marco. Aún no entendía como había dejado aquel objeto perturbar la paz de su habitación, así como aún no entendía como había dejado que esa niña perturbara la paz de su vida.
A pesar de que la conexión mental había sido rota, Azazel recibía vestigios de la mente de Iseth. Lo que vio casi lo hizo arrepentirse de haberle dicho tantas cosas en su última conversación, pero era necesario, ella no podía seguir creyendo que podía hacer lo que deseara. Aunque el precio fuera destrozar su espíritu.
Intentó alejar a Iseth de sus pensamientos, estaba cansado y débil. Necesitaba reposo para recuperar sus fuerzas y volver a su rutina. Cuanto anhelaba aquellos días donde no tenía que preocuparse por la integridad física de una compañera.
Iseth permaneció en el mismo lugar apartado durante horas. Seth la observaba silencioso, echado a sus pies sin moverse tampoco. El lobo podía sentir el espíritu de la joven quebrantarse.
Las lágrimas no cesaban, por más que intentara limpiarlas con incipiente furia, no hacia más que irritarse el rostro. No estaba segura que era lo que más la había herido, el dejar de fingir no saber la verdad de su situación como hembra lunatian, o que fuera Azazel quien se lo dijera de manera tan cruda. Él quien era el único varón de su raza al que creía diferente, al único al que apreciaba realmente.
El día terminó con ella en ese mismo lugar. Al amanecer, fue a cumplir con sus deberes de manera mecánica. Aquello inicio una nueva rutina en su estancia en la mansión, pues su existencia se tornó gris. En un par de ocasiones se cruzó con Addu que simplemente la miraba desdeñoso, ni siquiera le importaba, ya nada le importaba. Todo había dejado de tener verdadero sentido.
Asmodeo observaba curioso los acontecimientos. Los kurohis habían ido a quejarse cuales niños, sobre el comportamiento de la lunatian. Y como respuesta fueron cuestionadas sus habilidades, supuestamente superiores contra las de una vulgar lunatian. Aquello terminó con las quejas, y creó en las mentes de los demonios planes intrincados para tomar venganza. Aunque realmente no querían vengar a su congénere, simplemente buscaban una excusa para poder atacar a la única lunatian que tenían a mano.
El duque pensaba que la lunatian estaría como una fiera esperando la venganza de los demonios, pero no era así. Se mantenía absorta en su trabajo y deambulaba como un espíritu por la mansión. Ni siquiera parecía que escuchara los insultos que se proferían en su contra o las promesas de hacerle daño. Parecía que el infierno entero hubiese desaparecido para ella. Aquello resultaba intrigante, pues no terminaba de comprender como alguien con un espíritu tan rebelde podía verse reducida a una piltrafa.
Los días se convirtieron en meses y los meses en años, aunque aquella medida de tiempo era insignificante para los demonios, que vivían milenios.
La apariencia de Iseth se había vuelto muy descuidada, y su aspecto en general había empeorado. Sus labores limpiando cuevas de lobos había terminado, pero ni quiera eso había cambiado su actitud. Había sido enviada a la biblioteca de la mansión a estudiar los terrenos y las especies existentes en ellos. Seth la seguía a todos lados como un fiel vigilante. El lobo había crecido bastante en todo el tiempo transcurrido, su cabeza quedaba a la altura de la de Iseth y aún faltaba que terminara de crecer, pues podría decirse que estaba en medio de la adolescencia.
Iseth mantenía contacto con su compañero esporádicamente, pero no cruzaban más que un par de palabras. Lo suficiente para comprobar el estado físico de la joven. Ella se negaba a hablar como lo hacía antes y él la ignoraba como había hecho siempre. Pues a pesar de que nunca la había visto tan deprimida. Se negaba rotundamente a consolarla y a que volviera a su actitud de niña mimada. Que el infierno colapsara ante los cielos antes de que él hiciera tal cosa.
El no tener deberes pesados hacía la vida de Iseth más que aburrida, después de pasar largas horas en la biblioteca estudiando y memorizando datos, aún tenía demasiado tiempo libre. A veces simplemente deambulaba por los terrenos de la mansión, siempre custodiada por Seth.
Esa tarde al terminar su estudio salió de la mansión sin rumbo fijo, ignorando las gruñidos de protesta del lobo. Anduvieron largo rato sin fijarse siquiera en la dirección que tomaban. En algún momento Iseth volvió a la realidad y notó que habían dejado el perímetro de seguridad alrededor de la mansión.
Giró nerviosa intentando captar alguna presencia, una cosa era que estuviera deprimida, y su vida hubiese sido destrozada y otra muy diferente era poner a Seth en peligro al sacarlo a zona abierta, donde lobos y otros depredadores estarían gustosos de devorar la carne joven del lobo, pues a pesar de haber crecido bastante aún no era rival para las terribles bestias infernales que acechaban los límites de la mansión.
-Lo siento, vamos.- se disculpó y comenzó el regreso.
El lobo se había quedado plantado en su sitio y comenzaba a gruñir, como advirtiendo a lo que fuera que estuviese acechando, que se fuera. Iseth se puso a su lado, con los sentidos alertas, pero no detectaba ninguna presencia. Para cuando detectó las presencias de varios demonios fue tarde.
Seth cayó inconciente a su lado, victima de un tranquilizador lanzado por uno de la media docena de demonios que comenzaron a rodearlos. Todos llevaban ciertas hierbas alrededor de sus ropas. Aquellas plantas interferían con el sentido del olfato de Iseth razón por la que no los había detectado antes.
La lunatian no se despegó del lobo, ni aún cuando vio las perversas sonrisas de los demonios que la acorralaban. Kurohis que juraron tomar venganza por su compañera herida. Iseth gruñó enseñando los dientes, amenazante.
Al notar que iban sólo por ella, la lunatian puso distancia entre ella y el lobo, alistándose para recibir los ataques. Pero fue imposible defenderse de aquella lluvia de ataques. No sólo usaban su cuerpo, estaban armados y ya presentaba largos y profundos cortes sangrantes.
E olor de la sangre sólo excitaba más a los demonios. Mientras la joven se defendía tanto como podía, y regresaba cada ataque que le era posible. En un golpe de suerte rasgó con sus garras el rostro de uno de ellos. El aullido de dolor que profirió casi la hizo sonreír de no haber sido por una fuerte patada en las costillas que la hizo escupir sangre, los demonios reían sádicos.
Los golpes se volvieron más violentos, y en unos instantes estuvo tendida en el suelo, hecha un ovillo intentando cubrirse de las fuertes patadas que recibía. Su cuerpo estaba destrozado, tenía huesos rotos y la perdida de sangre la debilitaba.
Maldijo una y otra vez, si no hubiera estado en ese estado de estupidez y tan en mala forma, hubiera podido hacerles frente, o al menos tener la oportunidad de escapar.
Sintió como la obligaban a girarse, uno de los demonios se puso sobre ella, era aquel que había rasguñado en el rostro. Ahora la golpeaba salvajemente en la cara, deformando las hermosas facciones.
-Déjala ya- dijo uno de los demonios- no dañes sus ojos, queremos que pueda ver lo que le espera- al parecer el último comentario convenció al demonio y dejó de golpearla.
Fue levantada del suelo de un rudo jalón, y empujada una y otra vez, cayendo siempre en brazos diferentes. Estaban jugando con ella, y no podía hacer nada para evitarlo. Le estaban desgarrando la ropa. Un grito de alarma se escuchó en su mente. Pero fue inmediatamente tranquilizado. Los demonios no la veían con lujuria, para ellos su ser era tan asqueroso como los de ellos para ella. No la tocarían.
Cuando finalmente estuvo desnuda, sintió un pinchazo en el cuello, y todo se nubló, escuchó las voces como ecos lejanos y deseó que Seth estuviera lejos de ahí.
-Cuando despiertes será lo último que hagas…- escuchó antes de perder el conocimiento por completo.
Los demonios la llevaron a un territorio lejano de la mansión lo suficiente para que no hubiera rastro alguno. La dejaron en medio de la nada, desnuda y sangrante, y para empeorar sus probabilidades le rociaron una poción que atraería a las bestias que ahí habitaban. Así se desharían de ella, sin asesinarla ellos mismos, y por lo tanto no habría crimen que perseguir.
Despertó molesta y con un deseo de venganza difícil de controlar. Sin embargo su cuerpo estaba demasiado dañado, no podía moverse. Intentó contactar con Azazel, pero maldito fuera, no estaba en el infierno, seguramente se encontraba en una ronda por el mundo humano.
Se concentró en las heridas de su cuerpo. Varios cortes profundos pero no lo suficiente para matarla. Golpes por todo el cuerpo, el rostro especialmente inflamado, dejando su ojo derecho cerrado. Varios huesos rotos, entre extremidades y costillas. Realmente habían hecho un buen trabajo dejándola indefensa.
Se concentró en analizar el lugar con el olfato que al parecer estaba intacto, a pesar de los daños en su nariz. Lamentablemente no reconoció ninguno de los aromas, lo peor era que ni siquiera detectaba lobos o dragones. Estaba en problemas, serios problemas.
El pánico se estaba apoderando de ella, pero en una gran demostración de autocontrol logró dominarse suficiente como para concentrarse en idear una manera de salir de ahí.
Como pudo se giró quedando de costado, pese a lo doloroso que era moverse un poco siquiera. Estudió el paisaje, y sintió la tierra bajo su piel. Se concentró en identificar algún aroma familiar. Por todo el infierno ¡había pasado años metida en la biblioteca! algo tendría que haber aprendido sobre los territorios alrededor de la mansión.
Le tomó más tiempo de lo esperado poder reconstruir sus recuerdos e identificar el lugar donde se encontraba. Cuando lo hizo deseó no haberlo hecho. Estaba en una zona demasiado alejada de la mansión, y poco transitada, sólo los expertos se aventuraban en aquel lugar, donde reinaban serpientes, insectos y los más importante, una enorme cantidad de especies arácnidas.
Si había algo que no toleraba eran las arañas, y ahora estaba en su territorio. El pánico se apoderó de ella realmente, cuando escuchó ligeros sonidos a sus espaldas. Se giró lentamente, y se aterrorizó al descubrir a decenas de pequeñas arañas, del tamaño de su puño, ir rumbo a donde se encontraba tirada. Realmente deseaba no saber que especie era. Su veneno no era mortal, paralizaban a sus victimas y las devoraban mientras estaban vivas, intentando no dañar los órganos vitales para mantener fresca a la presa.
Se levantó como pudo, y comenzó a andar. Tenía fracturas en las piernas, que le impedían moverse con agilidad, pero el temor a ser devorada viva, era mayor que el dolor que sentía. Realmente no estaba segura de cómo lo hacía pero estaba corriendo desnuda y ensangrentada a través de un territorio mortal y desconocido.
No quería morir de aquella manera, no quería terminar siendo comida de araña. Prefería seguir con su vida de falsa libertad a que acabar muerta en medio de la nada. Azazel estaría enfadado si la viera. ¡Cuánto deseaba que él estuviera ahí! Que gritara, que la sermoneara pero que la sacara de ahí. Intentó en vano contactarse con él. Estaba sola, y rodeada de criaturas mortales.
Finalmente sus piernas cedieron, la tibia de la pierna izquierda crujió bajo su peso y la derrumbó sobre el arenoso suelo.
-¡Ah!- gritó de dolor y pánico al notar como las arañas le habían dado alcance. Sintió las mordeduras en sus piernas, y como su cuerpo se entumecía. Cerró los ojos, deseando que su final no hubiera sido tan patético.
Azazel estaba distraído, lo quisiera o no, la nueva actitud de Iseth lo afectaba. A pesar de quejarse siempre de lo ruidosa y molesta que resultaba, verla en aquel estado de patetismo total, lo deprimía en cierta forma.
Pero no podía dejar que volviera a ser la niña mimada que siempre había sido, tenía que darse cuenta que la vida no era tan fácil como ella quería creer. Tan inmerso en sus pensamientos se encontraba que no notó al par de ángeles que sobrevolaban sobre su cabeza.
El alma que iba a recolectar era la de un adolescente, que maltratado en su hogar había terminado invadido por la furia y matado a ambos padres. Desde luego que un alma tan joven no era fácil de recolectar, pues los ángeles peleaban con los demonios para llevar a almas atormentadas al purgatorio para darles una segunda oportunidad. Sin embargo Azazel no había perdido una sola alma desde que se uniera a los recolectores.
-¡Detente demonio!- gritó uno de los ángeles sobre él.
Azazel se detuvo antes de entrar al hogar donde el adolescente estaba a punto de suicidarse. Observó a los dos ángeles, demasiado jóvenes a su parecer, ambos rubios y hermosos como todas esas criaturas, realmente le asqueaba su existencia.
En otras circunstancias tal vez los hubiera dejado vivir, después de inutilizarlos para poder seguir con su trabajo, pero en esta ocasión necesitaba desfogar toda la tensión acumulada. Una especie de sonrisa se dibujó en sus labios.
Los demonios eran recompensados por las muertes de ángeles, mientras que los seres de luz tenían prohibido iniciar una pelea, y evitar a toda costa usar la violencia. Esto no los hacía unos inútiles pues realmente eran versados en las artes de la lucha, simplemente preferían evitar la violencia. Pero con un oponente como Azazel, no había otra opción.
El demonio sabía las reglas, y les hizo las cosas más fáciles, sacó su espada y usando la pared del edificio a su derecha se impulsó para atacar a los ángeles. Los seres de luz evitaron su ataque, intercambiaron miradas, y el más joven se alejó.
No hubo palabras, el ángel desenfundó la espada que descansaba en su cintura, y arremetió contra el demonio. Intercambiaron ataques, haciendo vibrar el metal de sus armas. Al parecer el ángel tenía dificultades en cuanto a fuerza física, pero era más ágil que el demonio.
Sin embargo Azazel sólo jugaba, el ángel era demasiado inexperto, en cuanto se hubo aburrido su cuerpo entero se transformó, adoptando su forma hibrida. Eso realmente asustó a los ángeles pues no había muchos lunatians como recolectores, y menos aún que pudieran dominar la forma hibrida.
En un abrir y cerrar de ojos, los cuerpos inertes estuvieron a los pies del demonio. Las gargantas destrozadas. Dos magnificas criaturas de luz, reducidas a masas sanguinolentas, ensuciando el asfalto. Pronto vendrían los refuerzos. Nunca estaban solos, pero ya no tenía tiempo para más juegos. El chico en la casa ya había acabado con su vida, y su alma necesitaba ser reclamada.
Azazel continuó con sus deberes como recolector. Sus jornadas se extendían hasta el límite de sus fuerzas, para regresar al infierno y tomar un descanso. Estaba amasando una gran fortuna con un trabajo tan arduo, después de todo su idea no era hacer eso por el resto de su vida.
Era irremediable no pensar en Iseth mientras contemplaba su vida a futuro. Según las leyes lunatians, en algún momento tendrían que tener descendencia, y esto se alargaría hasta que la hembra fuera fértil. La idea de su compañera como madre y él como padre realmente era espeluznante.
Si tan sólo supiera el peligro en el que su compañera se encontraba, todas sus preocupaciones a futuro no existirían, pues era probable que a su vuelta al infierno, dejara de tener compañera.
Un grupo de ángeles, había seguido su rastro desde el lugar donde había asesinado a los jóvenes. Al parecer al final si tendría entretención, y evitaría pensar en los problemas que le acarreaba la existencia de una compañera.
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<_< no hay muchos buenos motivos para mi retraso de casi 3 meses ._. pero he estado out..., aquí traigo el capítulo 7 al fin!!! y trabajo en el 8 ._.
Si alguien sigue vivo, deje comentario xD aunque sea para lanzar jitomatazos <.<
Puxurros
